I
Era una pequeña comunidad al Sur de Rusia en
donde vivían pocas familias, todas se conocían unas a otras.
Durante el invierno, cuando nevaba salían los
niños a la plaza más cercana. Aquellos días, de la estación más fría, parecían
domingos continuos, por lo familiares y llenos de alegría juguetona. Las
campanas de misa de 6:00 pm advertían que el día comenzaba a oscurecer
Un día cualquiera Alexandra, desapareció.
Ella era la esposa de Boris y tenían una familia conformada por ellos dos y sus
dos niños.
De repente, se comenzó a escuchar de Boris, que había viajado con
los hijos al pueblo vecino donde vivían sus padres. Y que Alexandra había sobrevenido
convaleciente.
A Boris y a los niños, no se les volvió a ver
jamás en todo el lugar.
La plaza extrañaba los juegos de Tania y
Víctor debajo del pino adyacente a la plaza y la mirada complaciente de Boris
cuando Alexandra tomaba a sus niños de la mano y jugaban a la rueda. Así
pasaron unos meses.
Un día, Lara una mujer en edad adulta joven, que aún no
tenía pareja, y que siempre salía a la plaza a jugar con los niños muy querida
por todos, conversó con Eulalia y Georgia sobre su intención de ir a los
hospitales del pueblo del norte a saber de Alexandra, quien era una de sus
mejores amigas. Lara en una ocasión, había escuchado decir a Alexandra que había
un hospital particular en el pueblo del norte, que era uno de los mejores y que
allí trabajaba una de sus tías.
Lara, tomó el tren de las 2:00 pm. y entró al
hospital, el mismo del que Alexandra llegó a comentar una vez, y preguntó a la
recepción por Alexandra Smolansky y encontró el número de habitación. Mientras
se acercaba por la entrada de la parte trasera del Hospital, notó unos
ventanales, humedecidos por el frío a los cuales se aproximó muy despacio y
miró a través alcanzando entre los pacientes que estaba su amiga Alexandra.
Lo que Lara no se esperaba, era ver lo que le
prometían los rápidos pestañeos de sus ojos perdidos en el asombro: Un bebé
cuyo rostro era muy extraño tanto que estaba entre cubierto, y a quien Alexandra
a pesar de su extrañez miraba con ternura mientras le trataba de amamantar.
Lara, se inundo en desconcierto y salió
corriendo del asombro llegando de vuelta al pueblo a contarle a las demás amigas
de lo que había visto. Las amigas le pidieron que volviera y que tratara de
hablar con Alexandra. Lara lo intentó una vez más, pero cuando regresó al
hospital, fué demasiado tarde.
II
Lara al igual que el resto de las amigas no pudo
alcanzar a ver a Alexandra antes de irse. Alexandra tuvo que tomar esa decisión
no por su voluntad, sino por recomendación de la dirección de Salud, los cuales
querían llevar un estudio e investigar la genética del niño.
Sobre Alexandra solo se escuchó que desbastada
por lo que tuvo que hacer, decidió no volver con Boris y sus hijos, sino que la
profunda confusión la alejo de si misma, haciéndola viajar a América del Sur, a donde
había emigrado unos de los tíos de ella desde hacía más de 20 años, y con
quienes buscaría reunirse de nuevo.
III
Encontrada un domingo en la cálida cocina de
sus Tíos, Alexandra, trataba de olvidar,
pero el recuerdo de los años familiares con Boris y sus dos amados hijos
permanecían en su mente. Evocaba los días especiales y breves que
amamantó al pequeño Gerónimo. Las esperanzas reconfortan y aún con el dolor del
abandono forzoso, Alexandra no se imaginaba que le tocaría una nueva razón para
tomar nuevas fuerzas.
El sol calentaba, en un pueblo de la
cordillera Andina, Alexandra escuchaba el programa de Radio La Voz
del Águila, cuando miró que pasó un hombre vecino del barrio hispano.
Este hombre de quien se sabía era un hombre
inteligente, se haría amigo de Alexandra y se convertiría en su gran apoyo
emocional. Poco a poco y día tras día, le despertaría muchos sentimientos y le devolvería sus risas que eran semejantes a las
risas perdidas de sus días más cándidos. Los días en los que cuándo muy
adolescente y sin siquiera haber conocido a Pedro, en su Rusia natal, en
aquella pequeña aldea, durante el comienzo de su juventud adulta, reposada entre
las cuatro paredes frías de su
habitación, después de la escuela, se recreaban sueños que evocaban simples suspiros
de sobre cómo sería el amor.
Alexandra anhelaba el reencuentro con su
amado Boris y sus amados hijos Tania y Víctor, pero primero tenía que recuperar
la estabilidad emocional que había perdido, después de su último parto.
A su paso le sonrió muy tiernamente, ahogó su anhelo,
y siguió a Luís con la mirada hasta que su sombra se dejó de ver, justo en
donde comienza la cerca de la casa continua. Alexandra meditó por un momento y
decidió hacer algo que no había hecho aún, fue a buscar su maleta.
En casa de Lara quien
está enfrente del tendedero del patio trasero, colgando las bragas lavadas de su
marido, en pleno verano Ruso, repica el teléfono, hace reaccionar a Lara a su sonar, el repique cesa, y al cabo de pocos segundos insiste por segunda vez.