SPACE LOVE
María E. González.
Los
jardines de verde jaspeado, traían a la memoria de la Duquesa Brooklyn S. Thompson
que ya dejaba atrás su adolescencia, aquellos días en que corría con su amado el
Conde Benjamín Luis William Springer. La
Duquesa caminaba por todo el jardín acariciando las hermosas plantas florecientes
de lavanda, gardenias, rosas, tulipanes, y tantas más. Recordaba aquellos
momentos en los que jugaba con el conde, sus recorridos por los jardines,
mientras se escondían el uno del otro, detrás de los árboles, y caían al césped
después que se encontraban. Las risas y las respiraciones al mismo tiempo, sincronizaban
el sentimiento entre ambos, y se juraban amor para siempre.
Las leyes de
la Corte Real, comprometían sus encuentros apasionados y libres, a medida que
adquirieron la mayoría de edad, y un día el conde al ver que debía sacrificar
el tiempo juntos, decidió alejarse de todos los actos reales y se marchó sin
dar explicación alguna a nadie, incluyendo a la Duquesa.
Después de
su partida, sin saber nada de él, a pesar de su búsqueda siempre infructuosa y sin
encontrar señal alguna, luego de un tiempo prolongado de duelo en el que se
dedicó a hacer muchas obras, y de ayudar a todos los que pudo, la Duquesa
encontró una nueva pasión sin límites.
Aquella
despedida sin adiós, trajo consigo días de mucha intensidad, las canciones de los
dos no dejaban de sonar. Cada vez que la Duquesa se iba a dormir, venían a su
mente los recuerdos de verlo detenido en los pasillos de los castillos y
palacios, caminar por los jardines, reírse con sus compañeros de tropas. Recordaba
las miradas que se perdían entre la multitud, y que luego se encontraban detrás
de los cortinas, en los grandes salones reales, después que todos se habían
ido.
Fue como un
luto activo, en el que a la luz del día no pasaba nada, la condesa sería una
monja o una mujer soltera para toda la vida, pero ¿Qué importaba? El fin único
se convirtió entonces, en construir el granero para las aves de un cottage al
norte de la ciudad, juntar la paja para las caballerizas del castillo, ayudar a
los niños en estado de vulnerabilidad, y aprender a coser.
Hasta que
llegó a los talleres de alta costura, donde conoció a Lady Margaret, una
grandiosa diseñadora de trajes reales, y se convirtieron en grandes amigas y
apoyo por gran tiempo; de ella aprendió todo en diseño de alta costura, y de la
vida misma.
Pasaron
cerca de diez años, y el Conde Springer se preparaba en el programa espacial de
viaje sin retorno a Marte. Los ejercicios de supervivencia se hacían más
intensos cada día, pero el Capitán Springer ahora sin título noble, superaba a
todos con la fuerza y dureza que sólo un hombre muy fuerte podría soportar.
Solitario,
pero rodeado de la tripulación a medio tiempo, los que participaban en el
programa y el capitán se ausentaban diariamente, por media hora a su cabina, y
luego volvían a la sala social, el capitán no hablaba nada personal y regresaba
como si se desconectara de la realidad, y volviera de un mundo sin fin.
Nunca
comentaba si leía un libro, si alcanzaba a realizar una actividad como
lecturas, escrituras, dibujo, y eso mantenía en vilo al resto de los compañeros,
ya que una de las actividades de supervivencia, además de toda la preparación
técnica y científica, consistía en cultivar una afición que permitiera hacer críticas
entre ellos, para mantener el vínculo de la nueva comunidad intergaláctica. Las
evaluaciones del capitán eran positivas, porque no se sabe cómo lo hacía, pero era
experto en dejar las preguntas de sus compañeros en el aire y pretender ser la
persona más social de todas, pero era hermético, no revelaba nada de si, era un
ermitaño.
Y así una
vez más, esta actitud de tener que ausentarse estando presente, seguía un
patrón mucho más avanzado que el del programa. Los reportes clínicos del
laboratorio científico psicológico, habían hecho un diagnóstico detallado de su
personalidad, pues no dejaba de ganarse la admiración de la tripulación, sobre
todo de los hombres más sentimentales.
Las
tripulaciones entraron en una nueva fase, tripulantes evaluados, un par que no
superó ciertas habilidades, fueron colocados en el entrenamiento de
retaguardia, y otros fueron transferidos a diferentes equipos. Luego entró una
nueva tripulación. Estos eran civiles que habían pagado una suma grandiosa de
dinero por pertenecer al programa de Viaje de No retorno a Marte…entre esas personas estaba la Duquesa, quien luego
de casi doce años de dedicarse a la alta costura, había realizado varios
desfiles inspirados en trajes de astronautas, y fue contactada por una
franquicia científica, que sin conocer su origen, ignoraba la relación de la
Duquesa con la realeza, y a última instancia con el reconocido Capitán
Springer.
Vaya si no
puede medirse la dimensión de la Vía Láctea, con esta coincidencia del más
allá; para la Duquesa esta propuesta resultó interesante, estaba soltera desde
hace mucho tiempo, y ya solo quería hacer lo que le apasionaba, siempre se
sintió atraída por la astronomía, la ciencia, la botánica, era lo que siempre
la llenaba de placer y seguridad. Aceptó, y preparó todos sus implementos de
trabajo. Fue prácticamente un desmontaje de su taller de confección real, y lo
transformó en un taller de confección minimalista y portátil, se iba a dedicar
a producir trajes espaciales de última generación, con telas de especificaciones
inimaginables, anti absorbentes de ácaros cósmicos, resistentes a las altas
temperaturas, y de cero riesgos de causar algún tipo de estática.
Entonces
ingresó al programa que la entrenaría física, científicamente y en aspectos de
supervivencia. Paso a ser la comandante B.T. Apartada, en el grupo de
integrantes que comenzaban el aspecto social, y no el técnico, se destacaba.
El día del
lanzamiento de la nave ya en posición, y mientras los pasajeros, embarcaban, la
duquesa miró hacia la puerta y lo vio, al capitán Springer, su pelo corto y
negro en forma recta, de nuca fuerte y elegante, una perfección masculina
difícil de olvidar. Pestañeó rápidamente como dudosa y lo volvió a mirar,
coincidiendo esta vez su mirada con su hombro y su espalda. Mientras tanto, la
fila para el abordaje se aproximaba a los capitanes que se encontraban al pie
de la puerta. La comandante BT se puso nerviosa, los recuerdos la llevaban al pasado,
y traían los recuerdos a su presente
como las olas en la playa, de repente escuchó la voz de él, que indicaba a los
tripulantes, que comenzaran a activar los controles para el despegue.
Subido el último
escalón, sus miradas se cruzaron, y el capitán Springer apenas simuló no haber
visto nada. Un ligero sonido se activó en su traje de cosmonauta, él lo ignoró,
pero su compañero de trabajo se mostró algo sorprendido, y fijó la mirada sobre
él, preguntándole a la misma vez si se encontraba bien, algo como una pequeña
alteración en los valores físico- corporales no podía ocurrir ese día.
La comandante
BT entró a la nave y quedó aletargada realizando cada uno de los pasos guiados
desde el centro espacial.Todos en posición, conectados al mando de la nave, en
perfecto estado, menos los valores del Capitán Springer: Pulso en 110. Tensión
arterial 15 11. Temperatura por encima de los 38C. La alerta se activó llegando
a la torre de control, que de inmediato hizo contacto con Springer, y preguntó
sobre la novedad. No podía ocultar su emoción a lo que el reportó que había
recordado a su abuela. Le indicaron que le darían algunos minutos para
estabilizarse. Ahora el capitán Springer sudaba, el hielo de su corazón se
derretía. BT por su parte, dejaba correr las lágrimas, sin sollozo alguno, y controladamente,
mientras repasaba las guías para el proceso de transición orbital.
La nave
hizo el despegue, 100.000 pies de altura, 200.000 pies de altura, Control de
Mando reportando vuelo espacial a Marte sin retorno en órbita. Pasajeros estables.
Modo Letargo Inter espacial. Al cabo de horas, por fin comenzó a navegar por los
senderos de los exo-planetas nunca antes señalados, estrellas, lunas y
explosiones cósmicas, que para evadirlos, tenían que improvisar cambios de
ruta. Los años pasaron y la convivencia se hizo compartiendo diferentes condiciones
internas de la nave. Fueron años, meses, días, y la frialdad del capitán Springer
era como el hielo polar.
Sus valores
de vez en cuando marcaban pulsaciones aceleradas, pero ninguna de las
evaluaciones que se ejecutaron para examinarlo arrojaban ninguna complicación
medicamente demostrable.
La nave
aterrizó en las tierras del planeta marciano, poco a poco los módulos
espaciales fueron ensamblándose, y los cultivos de vegetales, experimentos y
diferentes actividades diarias se cumplían. Llegó la hora de la primera exploración
marciana, un equipo conformado por el Capitán Springer, su colega Capitán Luke
y Capitán Dimitri, dejaron la estación y llevaron a cabo una exploración de tres
horas terrestres a fin de tomar muestras del campo subyacente.
En su
retorno a los módulos, una lluvia de meteoros comenzó a caer cerca de la
entrada. Como pudieron aceleraron la velocidad de los propulsores para acercarse
a la puerta, el capitán Springer quedó detrás recibiendo un impacto en la
cabeza, de un asteroide de tamaño considerado. Capitán Luke y Dimitri ya habían
entrado a la cabina de cuarentena. A causa de la tormenta, la puerta se cerró, el
capitán Dimitri tuvo que activar la apertura manual, mientras tanto Springer
yacía herido en la tierra, cubierta de humo y de llamas pequeñas, que ardían
cercanas a él. Al abrirse la puerta, el Capitán Luke arrastró como pudo a
Springer, su cuerpo estaba pesado e inconsciente. La nave reportaba el
incidente a tierra, las alarmas se activaron dentro de los laboratorios, y toda
la tripulación corrió a sus posiciones. Una vez que lograron traer al cuerpo
del Capitán Springer al interior de las urgencias, y que lo recibiera el
médico, de inmediato solicitaron a la Comandante B.S revisar el traje del capitán, y desarrollar
los respectivos ajustes, ya que por las tallas especiales requería de cortes y
remachados extraordinarios.
El capitán seguía
inconsciente, y la comandante se acercó a su cuerpo, herido, colocado sobre una
mesa quirúrgica. Le tocó las manos, tenían la misma textura de quien fue el Conde Benjamín Luis William Springer, y
sintió su respiración, suave y profunda. Al acercarse a abrir la cremallera de
su pecho para revisar las tallas, en una ficha personal que llevaba cada traje,
el Capitán recobró la consciencia, y abrió los ojos. Sorpresa mayor, no era una
vasta galaxia lo que veía, o una gran estrella fugaz, era Brooklyn.
Sus ojos se
llenaron de brillo de lágrimas, y no pudo más que expresar sus más hondas preguntas,
con voz temblorosa:
- ¿Por
qué?, ¿Por qué? ¡Todo los has llevado así, porque no terminas de una vez con
esto! – le dijo
El capitán
Springer volviendo su cabeza al mesón, y mirando a la lámpara que reposaba
sobre él, respondió:
-Porque el
amor no se puede explicar –
Y sus
rostros se acercaron.
FIN.



