jueves, 25 de julio de 2019




SPACE LOVE
 María E. González.

Los jardines de verde jaspeado, traían a la memoria de la Duquesa Brooklyn S. Thompson que ya dejaba atrás su adolescencia, aquellos días en que corría con su amado el Conde Benjamín Luis William Springer.  La Duquesa caminaba por todo el jardín acariciando las hermosas plantas florecientes de lavanda, gardenias, rosas, tulipanes, y tantas más. Recordaba aquellos momentos en los que jugaba con el conde, sus recorridos por los jardines, mientras se escondían el uno del otro, detrás de los árboles, y caían al césped después que se encontraban. Las risas y las respiraciones al mismo tiempo, sincronizaban el sentimiento entre ambos, y se juraban amor para siempre.



Las leyes de la Corte Real, comprometían sus encuentros apasionados y libres, a medida que adquirieron la mayoría de edad, y un día el conde al ver que debía sacrificar el tiempo juntos, decidió alejarse de todos los actos reales y se marchó sin dar explicación alguna a nadie, incluyendo a la Duquesa.

Después de su partida, sin saber nada de él, a pesar de su búsqueda siempre infructuosa y sin encontrar señal alguna, luego de un tiempo prolongado de duelo en el que se dedicó a hacer muchas obras, y de ayudar a todos los que pudo, la Duquesa encontró una nueva pasión sin límites.

Aquella despedida sin adiós, trajo consigo días de mucha intensidad, las canciones de los dos no dejaban de sonar. Cada vez que la Duquesa se iba a dormir, venían a su mente los recuerdos de verlo detenido en los pasillos de los castillos y palacios, caminar por los jardines, reírse con sus compañeros de tropas. Recordaba las miradas que se perdían entre la multitud, y que luego se encontraban detrás de los cortinas, en los grandes salones reales, después que todos se habían ido.

Fue como un luto activo, en el que a la luz del día no pasaba nada, la condesa sería una monja o una mujer soltera para toda la vida, pero ¿Qué importaba? El fin único se convirtió entonces, en construir el granero para las aves de un cottage al norte de la ciudad, juntar la paja para las caballerizas del castillo, ayudar a los niños en estado de vulnerabilidad, y aprender a coser.

Hasta que llegó a los talleres de alta costura, donde conoció a Lady Margaret, una grandiosa diseñadora de trajes reales, y se convirtieron en grandes amigas y apoyo por gran tiempo; de ella aprendió todo en diseño de alta costura, y de la vida misma.

Pasaron cerca de diez años, y el Conde Springer se preparaba en el programa espacial de viaje sin retorno a Marte. Los ejercicios de supervivencia se hacían más intensos cada día, pero el Capitán Springer ahora sin título noble, superaba a todos con la fuerza y dureza que sólo un hombre muy fuerte podría soportar.

Solitario, pero rodeado de la tripulación a medio tiempo, los que participaban en el programa y el capitán se ausentaban diariamente, por media hora a su cabina, y luego volvían a la sala social, el capitán no hablaba nada personal y regresaba como si se desconectara de la realidad, y volviera de un mundo sin fin.

Nunca comentaba si leía un libro, si alcanzaba a realizar una actividad como lecturas, escrituras, dibujo, y eso mantenía en vilo al resto de los compañeros, ya que una de las actividades de supervivencia, además de toda la preparación técnica y científica, consistía en cultivar una afición que permitiera hacer críticas entre ellos, para mantener el vínculo de la nueva comunidad intergaláctica. Las evaluaciones del capitán eran positivas, porque no se sabe cómo lo hacía, pero era experto en dejar las preguntas de sus compañeros en el aire y pretender ser la persona más social de todas, pero era hermético, no revelaba nada de si, era un ermitaño.
Y así una vez más, esta actitud de tener que ausentarse estando presente, seguía un patrón mucho más avanzado que el del programa. Los reportes clínicos del laboratorio científico psicológico, habían hecho un diagnóstico detallado de su personalidad, pues no dejaba de ganarse la admiración de la tripulación, sobre todo de los hombres más sentimentales.

Las tripulaciones entraron en una nueva fase, tripulantes evaluados, un par que no superó ciertas habilidades, fueron colocados en el entrenamiento de retaguardia, y otros fueron transferidos a diferentes equipos. Luego entró una nueva tripulación. Estos eran civiles que habían pagado una suma grandiosa de dinero por pertenecer al programa de Viaje de No retorno a Marte…entre esas personas estaba la Duquesa, quien luego de casi doce años de dedicarse a la alta costura, había realizado varios desfiles inspirados en trajes de astronautas, y fue contactada por una franquicia científica, que sin conocer su origen, ignoraba la relación de la Duquesa con la realeza, y a última instancia con el reconocido Capitán Springer.

Vaya si no puede medirse la dimensión de la Vía Láctea, con esta coincidencia del más allá; para la Duquesa esta propuesta resultó interesante, estaba soltera desde hace mucho tiempo, y ya solo quería hacer lo que le apasionaba, siempre se sintió atraída por la astronomía, la ciencia, la botánica, era lo que siempre la llenaba de placer y seguridad. Aceptó, y preparó todos sus implementos de trabajo. Fue prácticamente un desmontaje de su taller de confección real, y lo transformó en un taller de confección minimalista y portátil, se iba a dedicar a producir trajes espaciales de última generación, con telas de especificaciones inimaginables, anti absorbentes de ácaros cósmicos, resistentes a las altas temperaturas, y de cero riesgos de causar algún tipo de estática.

Entonces ingresó al programa que la entrenaría física, científicamente y en aspectos de supervivencia. Paso a ser la comandante B.T. Apartada, en el grupo de integrantes que comenzaban el aspecto social, y no el técnico, se destacaba.

El día del lanzamiento de la nave ya en posición, y mientras los pasajeros, embarcaban, la duquesa miró hacia la puerta y lo vio, al capitán Springer, su pelo corto y negro en forma recta, de nuca fuerte y elegante, una perfección masculina difícil de olvidar. Pestañeó rápidamente como dudosa y lo volvió a mirar, coincidiendo esta vez su mirada con su hombro y su espalda. Mientras tanto, la fila para el abordaje se aproximaba a los capitanes que se encontraban al pie de la puerta. La comandante BT se puso nerviosa, los recuerdos la llevaban al pasado, y traían los recuerdos  a su presente como las olas en la playa, de repente escuchó la voz de él, que indicaba a los tripulantes, que comenzaran a activar los controles para el despegue.

Subido el último escalón, sus miradas se cruzaron, y el capitán Springer apenas simuló no haber visto nada. Un ligero sonido se activó en su traje de cosmonauta, él lo ignoró, pero su compañero de trabajo se mostró algo sorprendido, y fijó la mirada sobre él, preguntándole a la misma vez si se encontraba bien, algo como una pequeña alteración en los valores físico- corporales no podía ocurrir ese día.

La comandante BT entró a la nave y quedó aletargada realizando cada uno de los pasos guiados desde el centro espacial.Todos en posición, conectados al mando de la nave, en perfecto estado, menos los valores del Capitán Springer: Pulso en 110. Tensión arterial 15 11. Temperatura por encima de los 38C. La alerta se activó llegando a la torre de control, que de inmediato hizo contacto con Springer, y preguntó sobre la novedad. No podía ocultar su emoción a lo que el reportó que había recordado a su abuela. Le indicaron que le darían algunos minutos para estabilizarse. Ahora el capitán Springer sudaba, el hielo de su corazón se derretía. BT por su parte, dejaba correr las lágrimas, sin sollozo alguno, y controladamente, mientras repasaba las guías para el proceso de transición orbital.

La nave hizo el despegue, 100.000 pies de altura, 200.000 pies de altura, Control de Mando reportando vuelo espacial a Marte sin retorno en órbita. Pasajeros estables. Modo Letargo Inter espacial. Al cabo de horas, por fin comenzó a navegar por los senderos de los exo-planetas nunca antes señalados, estrellas, lunas y explosiones cósmicas, que para evadirlos, tenían que improvisar cambios de ruta. Los años pasaron y la convivencia se hizo compartiendo diferentes condiciones internas de la nave. Fueron años, meses, días, y la frialdad del capitán Springer era como el hielo polar.

Sus valores de vez en cuando marcaban pulsaciones aceleradas, pero ninguna de las evaluaciones que se ejecutaron para examinarlo arrojaban ninguna complicación medicamente demostrable.

La nave aterrizó en las tierras del planeta marciano, poco a poco los módulos espaciales fueron ensamblándose, y los cultivos de vegetales, experimentos y diferentes actividades diarias se cumplían. Llegó la hora de la primera exploración marciana, un equipo conformado por el Capitán Springer, su colega Capitán Luke y Capitán Dimitri, dejaron la estación y llevaron a cabo una exploración de tres horas terrestres a fin de tomar muestras del campo subyacente.

En su retorno a los módulos, una lluvia de meteoros comenzó a caer cerca de la entrada. Como pudieron aceleraron la velocidad de los propulsores para acercarse a la puerta, el capitán Springer quedó detrás recibiendo un impacto en la cabeza, de un asteroide de tamaño considerado. Capitán Luke y Dimitri ya habían entrado a la cabina de cuarentena. A causa de la tormenta, la puerta se cerró, el capitán Dimitri tuvo que activar la apertura manual, mientras tanto Springer yacía herido en la tierra, cubierta de humo y de llamas pequeñas, que ardían cercanas a él. Al abrirse la puerta, el Capitán Luke arrastró como pudo a Springer, su cuerpo estaba pesado e inconsciente. La nave reportaba el incidente a tierra, las alarmas se activaron dentro de los laboratorios, y toda la tripulación corrió a sus posiciones. Una vez que lograron traer al cuerpo del Capitán Springer al interior de las urgencias, y que lo recibiera el médico, de inmediato solicitaron a la Comandante B.S  revisar el traje del capitán, y desarrollar los respectivos ajustes, ya que por las tallas especiales requería de cortes y remachados extraordinarios.

El capitán seguía inconsciente, y la comandante se acercó a su cuerpo, herido, colocado sobre una mesa quirúrgica. Le tocó las manos, tenían la misma textura de quien fue el Conde Benjamín Luis William Springer, y sintió su respiración, suave y profunda. Al acercarse a abrir la cremallera de su pecho para revisar las tallas, en una ficha personal que llevaba cada traje, el Capitán recobró la consciencia, y abrió los ojos. Sorpresa mayor, no era una vasta galaxia lo que veía, o una gran estrella fugaz, era Brooklyn.

Sus ojos se llenaron de brillo de lágrimas, y no pudo más que expresar sus más hondas preguntas, con voz temblorosa:
- ¿Por qué?, ¿Por qué? ¡Todo los has llevado así, porque no terminas de una vez con esto! – le dijo
El capitán Springer volviendo su cabeza al mesón, y mirando a la lámpara que reposaba sobre él,  respondió:
-Porque el amor no se puede explicar –
Y sus rostros se acercaron.




FIN.

lunes, 15 de julio de 2019

Auxilio, auxilio. Ayuda



El 29 de junio ocurrió en Venezuela el segundo caso mas vil que la historia de los últimos tres años ha podido escribir. El asesinato del Capitán Acosta Arévalo. Este hecho define el periodo de Nicolas Maduro como el de más crueldad y de lesa humanidad, debido a que, como presidente, no ejecuta un solo centímetro de cordura, para mantenerse en el poder.
Hemos sido expuestos a un hecho en donde el Capitán de Corbeta (Capitán de la armada de categoría inmediata superior a la de teniente de navío e inferior a capitán de fragata. Capitán de Corbeta corresponde al de comandante de los ejércitos tierra y aire) murió en el hospitalito, Hospital Militar Dr. Vicente Salías bajo custodia de las mismas fuerzas brutales.
Los días pasan y lo que continúa intrigándonos es el dolor cavado en la profundidad de la noticia, que se ha presentado tal y como se han venido suscitando los hechos. Hasta que la crónica por unos segundos se detiene en la escena del capitán de corbeta parado en frente de tu vida, ante el tribunal de justicia invisible, el mismo que tu propio raciocinio único proyecta.
El capitán desapareció el 21de junio y había estado desaparecido por ocho días, la esposa hizo la denuncia a los medios de comunicación, desde el primer día que dejo de saber de él. Apareció entonces bajo custodia del SEBIN y del DGCIM organismos de fuerzas brutales de Maduro, porque lo único que hacen es asesinar sin justicia.
El día 29 de junio el día que apareció, fue presentado en corte, golpeado y un estado de detrimento tan grave, que no podía sostenerse por sí mismo.
A tanto lo llevaron los golpes que recibió durante su desaparición, que entró en sillas de ruedas al recinto y las únicas palabras que pudo articular fueron: Auxilio, auxilio.
Dos palabras que ante las condiciones en las que se encuentra el país, y tomando en cuenta el grado militar del capitán, retumban en las paredes del tribunal del dolor como signo de solicitud de defensa nacional, más que para sí mismo, para lo que él representa. Obviamente en un estado corporal tan comprometido, que tan sólo él podía saber cuánto dolor estaba sintiendo ese día, ya había sido sometido a una paliza sin medidas. No, no articuló por mayor defensa, ni mayor conquista que la de solicitar la ayuda que todos estamos pidiendo al mundo, el dolor es de un cordero en sacrificio.
Mientras la noticia se repite en los medios, con los encabezados señalando que pedía ayuda, el día que se presentó en corte, y todos como ciegos, no podíamos ver la peligrosidad lo que sucede, con esas dos palabras resaltadas sin grandes detalles, que se originaba en nuestro país de Narnia, era como traer a nuestra mente aquellos momentos de la “Warner Brothers” y otras agencias de películas, aquellos “sketchs” cuando el coyote o piolín piden ayuda en medio del mar. Para ese entonces, los tráiler solo mostraban las palabras “HELP” a la que todos nos fue instruido significa “ayuda”, y que clamaba a los socorristas o al héroe el rescate de la víctima que trataba siempre de defenderse del injusto, del vil, del depredador.
No quiero herir susceptibilidades mencionando un pasaje como el anterior, por el contrario, si he decidido escribir sobre esto, no es sino por drenar la impotencia de tanta injusticia desbordada, que mientras la edito, se están dando reuniones que tratan a los criminales como diplomáticos, y aterriza un avión de ultima generación en un país que se supone se encuentra bajo sanciones, bloqueos, catástrofe compleja y pare usted de contar.
Irresponsablemente la crueldad del caso y la falta de sorpresa de nosotros, una vez más archiva un caso de tanta miseria en las arcas de la memoria corta, fresca y complaciente del venezolano dramático y pantallero, al que con mucha razón, le aplican la xenofobia en varios países de nuestra región.
La humanidad de un hombre que se supone ético, ha sido condenada al castigo de los impíos, colgada por muchos días a un árbol a la intemperie total y luego, como si fuera poco, juzgada con menos categoría que una piñata destrozada por dentro de toda la tortura que recibió, aun así, en lo vacío de lo inexplicable tiene y deja la estela trascendental de pedir auxilio, auxilio ¿al moribundo?.
Como no pudo hablar mas en la corte, no quedó mas remedio que transferirlo a un hospital donde murió, y en donde su cuerpo yació hermético, sin que las lágrimas de quienes lo quieren le enjuagaran las heridas de la impunidad, las lágrimas de quienes como nosotros dicen amar a su familia, pero no les fue permitido ni siquiera darle cristiana sepultura.
Fue un hombre golpeado hasta mas no poder, durante ocho días, colgado, maltratado, electrocutado, mientras lo escribo se frunce mi ceño, porque si no lo notaron, la palabra electrocución es nueva en este párrafo. Si también lo electrocutaron además de la paliza y también lo sometieron a asfixia; y así en esas condiciones fue presentado en medio de un salón dícese ser asignado a la justicia, la justicia abobinable en donde lo único que pudo hacer fue como capitán de la armada de Venezuela:
¡Clamar ayuda!, Intelectuales.