El apremio
de lo que estamos viviendo ahora no tiene nombre. Aun cuando se trata de un
intento de quebrantar nuestro más elevado espíritu, y aunque nos encontramos en
añicos, como si nosotros mismos nos recogemos partidos en piezas y nos volvemos
a armar de valor.
Se asoma el
llamado a las calles:
-Nos vemos
a las tres y cincuenta.
-Yo salgo
del trabajo a las cuatro, pero me esperan.
-Veré con
quien dejo a los muchachos después del colegio, si encuentro voy. Encuentra y
va.
La
irreversibilidad se inyecta en lo más profundo de nuestras venas cada vez que
sabemos de un mártir de la dictadura. Corre por nuestras venas, flota en el
espacio entre latido y latido. Es insondable.
Concentrados,
acomodamos nuestras gorras tricolor, nos posicionamos para mirar al frente.
Adelante están los fuertes, los que gritan con brío, los que alzan por nosotros
la voz. La concentración se esparce en metros de concreto y asfalto teñidos de
felicidad y tristeza. Algunos siguen hablando para terminar la historia de
cuando se perdió en la autopista, o de cuando se le quedaron las llaves de la
oficina. Otros están en silencio preguntándose cuando será la verdadera hora.
El sol calienta, los minutos le van diciendo adiós, al día.
De repente
el líder, megáfono en mano, nos habla. El murmuro o va bajando de nivel, hasta
que todos nos volvemos mudos:
“Si vale la
pena la pena nuestra lucha” palabras con las que abre su discurso. Se percibe
la voz, el mirar, la determinación. Todo se conjuga en quien nos habla, para
trasmitirnos lo que allá en Venezuela se vive, se padece. “No piensen que esto
va a pasar ya, esto es un proceso”, y algunos patean el cemento, pero para
cambiar de pie y seguir parados.
Entre muchas
palabras algunas poéticas y otras dolorosas, que se le vienen en la alocución
de un día. Repasada, de repente estructurada, los manifestantes sostenemos las
banderas de los dos países y sentimos como el viento; que el día está cerca.
Son las banderas de dos países en direcciones contrapuestas por una ideología y
sistema auto aniquilado por sí mismo. Persiguen para este nuevo tiempo un
sistema adaptado a las riquezas de nuestro país, y así como la noche: Vemos
venir la libertad.
Venezuela
viva,
¡Viva
Venezuela!