lunes, 22 de abril de 2019

Llegaron los Marines – La Dimensión Onírica del fin de la pesadilla, un lunes 22 de abril de 2019.



Llegaron los Marines – La Dimensión Onírica del fin de la pesadilla, un lunes 22 de abril de 2019.


A la distancia y en la penumbra el mar se veía azul denso. Se distinguía del cielo porque este a su vez reflejaba la luz de la luna y en el titilaban algunas estrellas.


Candelaria se encontraba en un apartamento en el piso veinte, de una torre con vista al mar. La tarde terminaba y estaban aprovechando lo que quedaba de luz del día para acomodar los enseres del apartamento y servir lo poco que se podía comer de cena: Un sándwich con una tajada de queso, con pan de hacia dos días. No se le podía colocar mantequilla porque la luz había hecho que todos estos alimentos se convirtieran en un lujo.


La disfuncionalidad del sistema eléctrico del país llevó al caos las actividades más básicas de los venezolanos, desde la inexistencia de medios de pago con tarjetas de crédito, hasta la dispensa de gasolina, el uso de los ascensores y hasta el uso del preciado y vitalicio líquido, el agua potable.

Las bombas de las plantas hidráulicas y la de los condominios todas apagadas, los refrigeradores, las platas de los hospitales, etc.


Candelaria, terminó de comer y se cambió a ropa para dormir. Se sirvió un trago de ron con agua terciada que quedaba del día y se fue al balcón a tomar algo de brisa que la refrescara para poder entrar a la cama, tenía como opción sacar el colchón a la terraza, si el calor la hacía sofocarse.


En cada sorbo reflexionaba sus últimos días, el irse del país o no, ya o era la opción, era necesidad, era el encausamiento a una vida digna donde pudiera respirar. El calor de la ciudad era tan agobiante y vehemente que por mucho que quisiera contrarrestarlo la inestabilidad del servicio eléctrico lo maximizaba. Era un calor corporal aunado al calor del stress por temor a enfermarse y caer en un hospital sin medicamentos, a quedarse sin comida y no tener que comprar y en algunos casos como comprarlo por la inflación galopante, la angustia de los vecinos y sus historias más tristes que las de ella misma. No había manera que socavara la angustia abrumante que despertó el comunismo mas cruel de la historia de Las Américas, la que un hombre cruel engañando a casi un país entero, en el nombre de ayudar a los pobres terminó sometiéndolos a todos a la pobreza mas inimaginable, la de un campo de concentración nacional del cual, ni los exiliados pueden escapar.


De repente en el mar vió unas luces, y detrás un barco militar, y luego desde el agua emergía un submarino. En cuestión de minutos unas ocho balsas con quizás unos veinte hombres se acercaban a la orilla.


Candelaria, asomó medio cuerpo al balcón se agarró durísimo y gritó:

-Llegaron los marines!


Un desfile de hombres vestidos de verde con cascos del mismo color caminaba desde las aguas de la playa y se enfilaban para irse detrás del edificio. Candelaria se preocupó de pensar si podrían ser interceptados. Las sirenas comenzaron a sonar y una música venía de los barcos.


Era el sonido de la Libertad. ¡Llegaban a extraer a la plaga!


Las detonaciones comenzaron a escucharse era lamentable este momento, pero la única vía de poder salir adelante.


-Dios les bendiga!

- Gritaba Candelaria desde el balcón.


¡Dios les proteja!

- Como si les colgara un rosario en sus cuellos.


El ver pasar a estos hombres que estarían dando la vida por la patria tuya y mía. Mientras que desde un balcón o rancho esperamos que ellos nos resuelvan nuestro problema, es realmente por esa misma razón que este relato representa solo un simple sueño.





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